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El balcón de enfrente

viernes, 16 de noviembre de 2012

REVISITANDO «LAS AFUERAS», de Pablo García Casado


Cuando apareció Las afueras (1997), primer libro de un poeta  joven y desconocido, publicado por una editorial recién fundada, DVD ediciones, como número 4 de su colección de poesía, era fácil presagiar que iba a compartir destino con otros muchos libros, a veces notables y con frecuencia publicados en colecciones consolidadas, que parece como si nunca hubieran existido. Lo sorprendente fue que en poco tiempo Las afueras pasó por todas las etapas «orgánicas» de los libros que existen: tuvo crítica en diarios y luego en revistas, mereció algún premio y acabó en las negritas de los columnistas, que es la prueba más certera de que el libro ha saltado la urna de la librería y está en la calle.
Sin duda lo que debió sorprender de la poesía de Pablo García Casado (1972) es su capacidad para combinar y fundir elementos formales y temáticos —en la mejor tradición renacentista—, y la diversa, y aun opuesta, procedencia literaria de estos.
El libro aparece concebido como un conjunto unitario cuyas partes están sutilmente trabadas gracias a ciertas recurrencias formales, que establecen vínculos entre los poemas de las cinco secciones, y a una tenue trama argumental de índole narrativa: los períodos de un amor. Por encima de esta estructura, la voz que suena en Las afueras no aparece comprometida con un «yo» lírico, ni real ni ficticio, sino con un «yo» que se podría denominar temático, es decir, que depende exclusivamente del tema elegido. Y el tema de Las afueras es la expresión del amor contemporáneo, más sociológico que sublime, que se concreta en la feliz metáfora de los actuales lechos de amor: los coches aparcados en las afueras. Esta decisión temática no sólo alienta el «yo» disperso que habla en los poemas, sino que también vertebra todos los matices semánticos del conjunto, desde el discurso irónico y vagamente crítico hasta el sentimental (la soledad...). Y éste es uno de los aciertos del libro. Sólo una parte, «El poema de Jane», posee un sujeto lírico autónomo: una voz femenina que habla desde la pasión traicionada. 
Del trabajo formal desarrollado en Las afueras depende la eficacia de sus intuiciones temáticas. García Casado se siente cómodo en una composición propia de siete versos distribuidos en 3-3-1, donde el verso final actúa como anticlimax irónico (y alguna vez dramático). En la lengua poética del libro destacan los elementos procedentes de la oralidad; no obstante el diálogo, la espontaneidad lingüística y aún el argot —comunes en la poesía contemporánea— aparecen aquí sometidos a un riguroso trabajo de compresión casi esencialista, en el que sorprendentemente las elipsis y las yuxtaposiciones sistemáticas mantienen y acrecientan la vivacidad de un discurso oral una vez rotas y desintegradas las normas lingüísticas de la oralidad. Y esta paradoja es otro de los aciertos de este singular libro. 

[2007]

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