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El balcón de enfrente

sábado, 29 de marzo de 2014

IDEAS SOBRE EL LUGAR. «Notas sobre Zaragoza del capitán Marlow», de Fernando Sanmartín.


El poeta Fernando Sanmartín (1959) publica un libro de irónico título en el que otorga a su ciudad la condición de protagonista, Notas sobre Zaragoza del capitán Marlow (Xordica, Zaragoza, 2014). El género en el que lo escribe no posee un nombre que lo determine con precisión, porque de hecho bebe en diversas fuentes. Sin serlo, su fragmentación evoca al dietario; su orientación apunta, sin embargo, hacia la meditación memorialista; los recursos y figuras utilizadas lo emparientan con la poesía, pero la narración permanece como tono dominante. Se trata de una prosa que se construye con rasgos singulares de diversos géneros literarios y en esta simbiosis conjuga los intereses del autor: evocar un pasado y comprender un presente, describir un espacio y descubrirse en él retratado. 
 Aunque no entre en el catálogo de propósitos, también múltiples, que posee el libro, y que van desde la sinceridad («escribo libros menudos con la sinceridad como única sintaxis») hasta la lectura de la urbe («la ciudad, ese gran libro»), un texto que gire en torno a un lugar ha de destilar necesariamente, si no se contenta con la mera descripción, ideas sobre esta condición que no siempre aparecen recogidas en los paradigmas locativos. 
 La primera surge en el texto inicial, como colofón de un recorrido en automóvil de entrada en la ciudad tras un viaje: «Y ella [Zaragoza] me habla de que nunca ha pensado irse de aquí». Personificación e irónica paradoja subrayan la naturaleza del espacio, su inmovilidad. Parecen expresar una obviedad, sin embargo el tratamiento verbal de esta idea la desdibuja confundiendo, en el irónico diálogo, las fronteras entre objeto y sujeto. Y si el objeto se impregna de las características del sujeto —que sí puede «irse de aquí»—, este —que siempre regresa— hereda la condición del objeto, su estatismo. Es decir, lugar y subjetividad no poseen dimensiones diferentes, ni siquiera en aquello en apariencia más evidente. 
 Espacio y memoria, en segundo término, se convierten en el recuento de lo que no está: «El humo de los botes de humo desapareció. Lo mismo que una bolera a la que se llegaba tras bajar unas escalera». El verbo «desaparecer» es la forma que tienen de aparecer los lugares en el recuerdo. La memoria, también, y como tercera idea, prende en la concreción del espacio, a veces frente a la imprecisión del tiempo: «Y una tarde, en esa casa, ocurrió lo imprevisto. Me enamoré…». 
 La separación de los datos espaciales y temporales, o mejor será decir el final del sometimiento de aquel a este, propicia los aspectos más imaginativos de la escritura, aquellos en los que la experiencia del lugar atraviesa épocas y anacronismos para situarse más allá de su estricta racionalidad: «En el parque, he sido peripatético, transparente, joven e impulsivo. Y he vivido momentos inolvidables. El último ha sido hablar por teléfono con Baudelaire…». 
 Otro binomio básico para Sanmartín es el de espacio y escritura. Esta quinta condición locativa sugiere que creación y experiencia del lugar nacen de alguna manera imbricadas: «En esa plaza también enceré mi entusiasmo buscando palabras nuevas, palabras como un silbido, que es algo que uno pretende con la escritura». 
 A continuación el libro apela a otra característica del espacio, la capacidad para mostrarse extraño, con una diferencia no solo superficial sino también esencial, multiplicando las lecturas que ofrece de sí mismo: «Vi calles que me parecieron deshabitadas, calles fuera del tiempo envueltas en un halo metafísico, calles donde no caminaba nadie». 
 La séptima y última idea espacial que Notas sobre Zaragoza del capitán Marlow desarrolla regresa a la primera: la interacción entre sujeto y objeto. Si antes se había observado la permeabilidad de este al personificarse, ahora es aquel, el sujeto, quien padece en su manera de comprender la realidad las circunstancias del lugar: «Ya no sabemos dónde comienza la ciudad. Y eso es malo. Porque significa que la indeterminación se adueña de nosotros». Ciertamente, es también el argumento del libro: cómo la ciudad «se adueña» de la conciencia, y cómo esta modela la ciudad. Un diálogo sin fin en el que el hecho de que las voces se mezclen y confundan lo colma de matices. Propósito y fin de estas poéticas notas sobre Zaragoza.


[Inédito]


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