El balcón de enfrente

miércoles, 4 de junio de 2014

AUTORRETRATO CON VUELO DE AVE. «Diario de la urraca», de Rodolfo Häsler


Diario de la urraca (cuaderno paulista) 
Col. Mangos de Hacha. Universidad Autónoma de Nuevo León. 
 Monterrey. México, 2013

«Tengo una urraca que lo mira todo.» Este es el primer verso del Diario de la urraca (cuaderno paulista), obra de Rodolfo Häsler (1958), poeta cubano-suizo —nacido en Santiago de Cuba, tiene ascendencia suiza y vive desde niño en Barcelona— que reúne en su biografía una aversión a las fronteras que se ha convertido en signo de su poesía.  Infatigable viajero —este libro es un ejemplo—, lo es por el espacio, pero también por el tiempo. Su obra concierta referentes de las civilizaciones antiguas, de la mitología clásica occidental y de la popular de tradiciones orientales, culturas del norte y del sur. Ningún símbolo, se diría, le es ajeno. Es más, en su forma de pensar, cada significado es la acumulación de cuantas referencias culturales han sedimentado en él al paso de las civilizaciones. Unos versos de un poema anterior, «Sueño del obelisco», se leen como emblema de su poesía: «No dejarás de viajar, barrido por el viento, de Delfos / hacia Egipto, Persia, hasta el ojo de Varuna, Surya, / el que todo lo ve». Esta acumulación de significados en ocasiones, como en estos versos, aparece de manera explícita, pero en la mayor parte de sus poemas está asimilada a una forma de mirar lo concreto, donde prende su escritura. Uno de los Poemas de la rue de Zurich (2000) da la clave de esta poética: «El espíritu del génesis se eleva a partir de lo tangible / y no concibes la vida sin alabanza ni regeneración».
      Dicho de otra manera, la mirada poética renace en cada visión. En São Paulo, la gigantesca urbe brasileña, la génesis provocada por lo contemplado se encarna en una urraca, «quizá un azar /… / sobre un montoncito de hierba de Ibirapuera». La urraca es una ave con claras reminiscencias medievales. Algunos elementos simbólicos del libro la acompañan en este cometido: torre, castillo, hoz. Son algunos de los referentes con los que Rodolfo Häsler inicia su particular camino de comprensión poética de la megaciudad. Que, paradójicamente, empieza «en el café Brahma», de espaldas a las imágenes de la realidad, escondiéndose de ellas. Acaso por una razón nuevamente paradójica: «Todo es revelador».
    La urraca «que todo lo mira» está «ciega». Aquí se produce el arranque simbólico de este Diario de São Paulo, que va a marcar el recorrido poético del libro. El ave es lo «tangible» de la visión («la urraca levanta el vuelo al mínimo aspaviento») y al mismo tiempo el significado de lo observado («Al ver a la urraca supiste cuánto se puede / amar»). Es encarnación del poeta («¿Qué luce en su cabeza?» empieza preguntándose la anotación sobre «El poeta») y también su memoria («Una frase atrevida… / convoca la cosmología de la urraca»). Pájaro que sobrevuela la ciudad en la primera sección y símbolo del «seco tiento de la ceniza» en la segunda.
   Con estas claves, paradójicas y ambivalentes («la duplicidad es un aguijón que se hunde en ti»), los poemas desgranan el laberinto de referencias que São Paulo convoca en Häsler. A diferencia de los cronistas convencionales de la ciudad, que recurren a la estampa descrita como marca  y a la colección de postales como encadenamientos de la experiencia, el Diario de la urraca muestra los entresijos ocultos de la aventura interior, símbolos y memoria entrelazados, del recorrido ciego hacia el interior de quien ha salido a ver al exterior, un héroe de una épica devastada que solo encuentra vestigios en el vuelo huidizo de una azarosa urraca. Al mismo tiempo «palabra», «luz» y «cuadro»; es decir, autorretrato, pensamiento e imagen.



Periódico de Poesía. UNAM. Ciudad de México. Nº 73. Octubre, 2014

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