El balcón de enfrente

martes, 27 de mayo de 2014

LA INCERTIDUMBRE. «Rompiente», de Jorie Graham


ROMPIENTE, de Jorie Graham 
Bartleby Editores, Madrid, 2014 

Es posible que, cuando exista una perspectiva crítica suficiente, se considere a las mujeres norteamericanas que han escrito en el último cuarto del siglo XX una auténtica revolución en la poesía contemporánea. Valor que ya intuyen multitud de lectores; no solo en Estados Unidos, pues algunas poetas han sido traducidas al español con éxito, como Sharon Olds (1942), Mary Jo Bang (1946), Jane Kenyon (1947) o Jorie Graham (1950). Cada autora con un estilo y un contenido diferentes, no forman un movimiento, sino una constelación de excelencias. 
   Jorie Graham renueva en cada libro la tradición de la poesía de pensamiento. Rompiente, publicado originalmente en 2008 y ahora traducido por Rubén Martín, es un magnífico ejemplo. Parte su pensamiento poético de dos constataciones previas. Por una parte, la caducidad de la filosofía existencial —«y qué natural nos había parecido el paso del tiempo, y la muerte»—; por otra, la concepción de la vida como una continuidad entre la naturaleza, el ser humano y el universo —«la extraña dilatación de la llamada Vía Láctea, el sonido de las / alas del pájaro cuando echa a volar»—. Desplaza, por lo tanto, el objeto del pensamiento desde la muerte individual hacia las amenazas de un planeta que agoniza: «el / fin del mundo puede ser imaginado». Los dos grandes temas que vertebran Rompiente son, como en la filosofía clásica, la libertad y el destino, pero contemplados ahora desde otra perspectiva: «nosotros en La Gran Agonía otra vez, la hora en la que la vida terrestre vuelve a ser casi por completo / erradicada». 
  Muchos poemas empiezan a partir de un fenómeno climático. En algunos casos, los de carácter extremo —vientos huracanados, aguaceros— consiguen alterar la experiencia del tiempo: «Y cómo el futuro / adquiere forma / demasiado rápido… y el pasado / se infiltra más / y más». En estos fenómenos, los elementos hablan con un sentido oracular («te estás buscando un castigo dice el diluvio», «habré de prender fuego a la cosecha para que solo / sea mía susurra el aire»…), es decir, se acumulan los signos que anuncian un «porvenir sin días», «un planeta que se / apaga». Un mundo que se desmorona frente a las ideas que se tienen de él: «el páramo (intenta pensarlo) no hace más que avanzar hacia aquí». A partir de esta nueva condición del ser, condenándose a sí mismo como naturaleza, Jorie Graham despliega su visión poética mezclando el pesimismo del instante («la putrefacción en esta enorme / jaula —rejas de luz, fronteras que crepitan—») y el tenue optimismo de algunos símbolos que, tal vez, sean capaces de modificar el terrible designio, como la «aún joven y apuntalada acacia» o también el pensamiento y la escritura: «mi nacimiento algo que acarreo / bellamente / bajando esta escalera en espiral / hecha de palabras». Palabras contra la desaparición de un futuro común, «como especie».

El Ciervo, nº747. Mayo-junio, 2014

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